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domingo, 23 de junio de 2013

Y ACCIÓN

Toda la clase
Llegó el momento final: ensayos generales y… ¡luces, (cámara) y acción!

El momento de estrenar obra siempre es algo emocionante. Los nervios afloran a la superficie y se respira en el ambiente cierta tensión. La tensión justa para estar alerta y disponible. Claro, el día antes hicimos los ensayos generales. Decorados, vestuario, maquillaje, luces,… Toda la artillería pesada, una especie de simulacro.

Sinceramente, son momentos para disfrutar, disfrutar con tu actuación, disfrutar junto al resto del grupo, disfrutar viendo las otras actuaciones y…claro, sufrir un poquito por si no sale todo rodado. Pero eso es parte del directo. Y esas cosas siempre pasan. Lo curioso es que, normalmente, quien se ha equivocado lo vive como algo muy impactante, bastante traumático casi, pero, en realidad, no se nota tanto, casi nadie se percata, y si lo hacen, pasa al olvido al poco rato. Así que…¡ánimo!

El sol en su lugar
He de decir que para mí ha sido un placer trabajar con este grupo, y eso que ha habido momentos de tensión, pero siempre intento pensar en positivo y extraer el aprendizaje que se puede sacar de la experiencia. Ya comenté en la entrada anterior que es el rodaje lo que contribuye a que ganes “tablas” sobre el asunto, y rodar, hemos rodado.





Para terminar, dar mi enhorabuena al resto de compañeras de toda la clase. Me imagino el trabajo que ha supuesto para cada integrante. Quería mencionar que, el día de la representación, los “juguetes” me parecieron increíbles, mucha más energía y ritmo que el día anterior, espectacular: “Congratulations!”. A mi grupo, por supuesto, ya lo saben. Aún queda un pequeño tirón con la elaboración del “blogster” y del dosier de la obra, pero lo más complicado ya está listo, ¡espero!

Pasad un buen verano y disfrutad de la actuación:

Va de monstres

Saludos
Felisa
  



domingo, 17 de febrero de 2013

PRESENTANDO A PARES...

Mi bloc
Se acerca el final del primer semestre. El bloc de dibujo ya está terminado y ahora, después de haber reflexionado sobre cada sesión durante el curso, debemos escoger dos láminas y exponéroslas.

Se presenta una difícil tarea, ya que yo las cogería todas, cada una tiene algo especial. Llevo un buen rato pasando hojas para alante y para atrás, remirando las láminas en busca de dos (y días pensando en ello).

Si fuesen tres, por ejemplo, habría cogido las tres de textura de tinta china, donde se aprecia la evolución que hay a lo largo de su realización, desde la primera hasta la última. O quizás habría escogido los peces como colofón de la estampación con ceras, la portada como conjunción de distintas técnicas con ceras y el bodegón como final de la tinta china.

Si fuesen cuatro, podrían haber sido las de tinta china y el bodegón de tinta china, como parte de un mismo proyecto, o las témperas y sus combinaciones.

Pero son dos, sólo dos.

Pues bien, después de darle muchas vueltas, creo que lo tengo. Os voy a presentar la lámina de la tinta china en la que sacamos 16 texturas con el pincel y la lámina en lal que sacamos 55 colores, esparcidos con el pincel cuidadosamente, a partir de 5 colores (que os mostré en una entrada anterior). Se las puede considerar finales en sí misma de una evolución de láminas y además son dos que me han gustado mucho, por una parte, por el reto que suponían y por haberlo superado, y por otra, porque el resultado final me satisfizo bastante. 

MI ELECCIÓN 1: TINTA Y PINCEL. FORMA

MI ELECCIÓN 2: TÉMPERA: COLOR


He de hacer una mención honorífica al pincel y agradecer su colaboración. Han sido largas horas de duro trabajo. El estrés causó estragos en su "delicada melena" que comenzó a dejar de ser tan frondosa, pero una vez terminado todo, esperemos que se recupere de su pérdida de "cabello".

Otro motivo que me ha llevado a escoger las láminas fue porque en una se busca la marca, la forma, y en la otra el color. Además, las dos surgen de lo mínimo para dar un amplio abanico visual. 

Un último motivo me influyó: una conversación que tuve ayer durante una cena. No hablábamos precisamente de color, sino de música, pero se fundió en un mismo tema. Me comentaban que un chico, Neil Harbisson, que no podía distinguir colores y sólo veía en blanco y negro, mediante un dispositivo ciborg consigue ahora apreciar la diferencia cromática ya que ese aparato le asocia los colores a un tono musical. Es muy interesante el tema, pues no asocian los colores a las notas aleatoriamente, sino según las frecuencia a la que irradia o vibra cada uno respectivamente. Bueno, pensar en una lámina realizada con tinta china negra y acabar en una explosión de color me parece muy acorde con el tema. Además, a mi me ha pasado algo parecido con las láminas. Cuando son en blanco y negro me parecen más silenciosas, como en pausa y las de color me parece que tienen más movimiento y sonido. Por lo menos con mis láminas, seguro que hay alguna que me hace cambiar la percepción, pero también me ha pasado alguna vez con alguna fotografía. No es que escuche ruido o música y deje de oirlo, es la sensación. Y si añadimos que mi lámina de tinta china tiene escrito en verde para explicar cómo se consiguió la huella y que las diferentes huellas le dan movimiento a la lámina, tampoco es que esté exactamente en silencio y en "pausa".

En fin, podría concluir diciendo que ha sido una experiencia muy interesante y gratificante. Disponer de un momento para estar contigo misma y observarte mientras fluyen (las sensaciones, las ideas, los miedos, los colores, las formas,...) y sentirte acorde con lo que has realizado, en cierto manera satisfecha con tu creación, no tiene precio, ni palabras que lo expresen. Simplemente decir:

Gracias


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Otras láminas mencionadas:

portada
ceras
peces
(Tenían que salir...)


lunes, 4 de febrero de 2013

55 con CINCO.

Kit de trabajo


                Para comenzar, dispongo todo como de costumbre: periódicos, tarritos para mezcla, bote con agua para enjuagar pincel, pincel, botes de témpera, papel de cocina, lápiz, goma, y la lámina. Equipo preparado.

                Después de las tres láminas anteriores, aunque presiento lo complicado de la tarea, me reconforta saber que he podido, que ya sé de qué va la cosa, y además, que he ido aprendiendo de los pequeños contratiempos anteriores. Con esa gotita de confianza, me decido por unas formas menos “formes”. Además, sabiendo que soy capaz de realizar en caso de urgencia el trabajo a “mano alzada”, decido ir dando saltos por la lámina.

                Tras el orden viene el desorden, y viceversa. De yin a yang y de yang a yin. Pues eso mismo, al principio sentía que necesitaba un poco de orden en la estructura, y ahora pude salir un poco del mismo. A mitad, una gota de pintura cae sobre otro color: “¡oh, no, ya la he liado!”, pero mirando bien, parecía un ojo de pez, que se intuía por las formas. Decido pues, sin ser una acción premeditada, proseguir con el pececillo. Mientras continúo, noto que hay colores que me atrapan, me llaman, hacen todo lo posible por ser vistos. Los noto vivos, con fuerza. Otras zonas pasan más desapercibidas, como fangosas (mi pez), y me hace ir saltando con la vista, igual que he hecho con el pincel.

                A ratos me sorprendo mordiéndome la lengua, concentrada, como cuando alguna tares requiere mucha destreza. Y ciertamente algunas partes requerían una alta exigencia dentro de lo que son “mis destrezas” (que viene de diestro, y siendo zurda…).

                En otro momento me noto impaciente. No sé el por qué, pero me noto las prisas. Me paro a pensar por qué tanta urgencia de repente. ¿Ganas de acabar?, bueno, es una posibilidad, es la última lámina. Pero no, no es eso… “¡Ah!, me estoy meando” (bueno, dicho finamente, tengo ganas de ir al excusado a hacer aguas menores, pero eso no es lo que pensé, claro, yo abrevié). Claro, había estado tan inmersa que no me había dado cuenta. Eso tiene solución…

                Y arreglado el pequeño contratiempo, seguimos. “¡Oh, oh! Houston, tenemos un problema, el pincel empieza a “gripar”, ¡está perdiendo pelos, no sabemos si llegará al final! ”. Bien, con calma, si, si, total… Menos mal que hay algo que me va reconfortando. Me parece increíble la cantidad de colores que hay, cuanta variedad, cuanta riqueza. “¡Qué bonito poder apreciar esos detalles de la vida!”, suerte de la lámina. Cada uno con su matiz, cada uno parte del anterior y a la vez, con su propia esencia. Me pregunto en un momento: “¿Quién fue el primero en averiguar que eran tres, más negro y blanco, los colores originales? ¿Y cómo lo hizo?”. A mi mente viene el recuerdo pasado de una conversación, no sé hace cuanto, ni con quien, pero decía algo como que el blanco era la ausencia de color, y el negro la suma de todos, o al revés (cosas de física y refracciones)…

                Por curiosidad, acabo buscando algo en internet (Así funcionan los colores)[i], es bastante interesante, aunque dice que los primarios son el rojo, el verde y el azul, y los secundarios el cian, el magenta y el amarillo, pero que al superponerlos, los primarios derivan en los secundarios y el blanco, y los secundarios derivan en los primarios y el negro (debe ser algo relacionado con lo de los negativos de que hablaba en la reflexión de la lámina anterior). De todas maneras, me parece un tema interesante para un posible trabajo por proyectos entre plástica, física o conocimiento del medio e incluso tecnología… Seguro que ya lo han trabajado en algún lugar.

                A la vez me pregunto si al igual que existen personas con el oído absoluto, capaces de discernir las notas tocadas a la vez, por ejemplo, cuando tocas diez teclas del piano a la vez, te saben decir cuales has tocado, puedan existir personas de “colorido” absoluto. Porque daltónicos sé que existen, pero al contrario, no lo sé. Probablemente sí. Yo algunos colores los puedo distinguir si están uno junto al otro, pero no tengo ese tipo de memoria que sabe exactamente si el tono que tiene delante es igual o no al de otro objeto. Será cosa de las “categorías” que hacemos a nivel mental para procesamiento de la información (ahora que estamos estudiando Psicología de la Educación, se nota toda esa influencia).

                La lámina transcurre y me da tiempo a divagar sobre todos esos temas, lo que ahora escribiendo no sé si lo hacía mientras mezclaba pintura, mientras la esparcía o durante todo el tiempo.

"Mi creación"
                Y llega el final. Relleno el último hueco y me quedo parada un momento, no me lo creo, ya está (no es que haya tardado poco, es que no me creía del todo capaz, pero el último color es bien distinto. Y pienso: “pues aún se pueden sacar más…”

                Me ha gustado la vivencia, de hecho, pienso en cómo poder hacerles llegar en el trabajo a alguno de los peques que trato esas sensaciones que yo he tenido, ese maravillarse y sorprenderse por la aparición de un color totalmente diferente, esas ganas por probar y experimentar qué saldrá de la mezcla de…, a la par que trabajamos otros objetivos, claro.  Preciosa experiencia.

¡Nos vemos, hasta pronto!

Felisa





35 de Cyan, Magenta y amarillo + Negro

Mi lámina


Al empezar, un extraño presentimiento me invade. Pienso que no va a quedar bien, porque el negro es oscuro y lo pondría todo oscuro. Aparto a un lado esos pensamientos y activo el chip “entusiasta-optimista”: en fin, a ver qué sale, démosle una oportunidad. Recuerdo las palabras que me dijo mi madre por teléfono el día anterior: “¡Uy!, el negro lo ensucia todo, usa poquito”. Creo que de esa misma frase nació mi temor y a la vez el paso hacia delante, a ver qué sale.

Por supuesto, seguí el consejo….usa poquito. ¡Jamás hubiera imaginado que amarillo con negro pudiera salir un verde!, pensaba que eso era con el azul… Entonces comprendí el porqué combinan la ropa a veces de ciertas maneras (interesante descubrimiento). 

Siempre se ha dicho que el blanco y el negro son opuestos…tengo ganas de probar si se puede restaurar un color poniendo de cada…me parece raro, porque la suma es gris…. Y esa vuelta al blanco me hizo recordar una cosa: de pequeña, no usaba magenta como color base, usaba rojo. Rojo con blanco para el rosa, rojo con amarillo para el naranja, rojo y azul para el morado… “¡Mi libro estaba mal!, o la imprenta imprimía raro”. En fin, una siempre puede cambiar sus esquemas y modificar sus conocimientos previos. 

También me ha hecho pensar en esa aplicación de algunos programas de fotos que te sacan el negativo, el color opuesto. De hecho, creo que con el ordenador en un Word se puede hacer cuando escribes de un color y luego seleccionas esa parte del texto…Tengo que hacer una pequeña prueba ahora. Pues no….pero lo he visto en algún lugar. Aquí en el blog se me vuelven al señalarlas todas azules...

Hoy, no sé porqué, bueno, sospecho el porqué, me cuesta más extender la pintura para darle homogeneidad a la “masa” colorácea. Creo que se han secado un pelín de abrirlas dos días antes. Decido entonces añadirle un pelín de agua y…. ¡Funciona!.

Es curioso que cada vez sigo un orden de empezar diferente (si se puede llamar orden). Esta vez he hecho primero los alrededores. (Ya la he liado). En fin, el interior a “mano alzada” ha sido interesante. Tengo más pulso del que creía, pero cansa un poco. Bueno, de todo se aprende. Además, los grandes pintores pintan en lienzos casi verticales y lo hacen a esa “mano alzada” que yo digo. Es una manera de consolarme, claro, pero funciona.

Al terminar, vuelvo a mostrar mi creación al pobre Vicent (qué santa paciencia tiene), ¡y le gusta!, dice que de momento, de las de témpera, la que más… Bueno, cada uno tiene sus gustos. Yo no sabría decantarme por ninguna. Cada cual tiene su encanto. Es como cuando un progenitor no puede (o no debe) elegir entre sus hijos…;P

De cara a la siguiente…la cosa asusta un poco (creo que esos “sustillos” deben ser el pequeño reto que te ha de suponer alguna actividad para que resulte motivante y significativa, empiezo a acostumbrarme a la sensación, que ya era hora, y a ver que luego lo puedo resolver, obtener éxito…¡y eso motiva aún más!). 

Lo dicho, lista para la última.

¡Hasta pronto!

Felisa

(Ya sé, si contáis, son más de 35...)

lunes, 28 de enero de 2013

"BODEGÓN" DE TINTA CHINA Y BOCETOS

bodega
No, no, un bodegón, no una bodega grande....


Después de trabajar en la lámina anterior sobre perspectivas, parar, pensar y ser un poco conscientes de las mismas, nos toca hacer bocetos a partir de unas listas de creación propia de elementos que pueden ir sobre una mesa. Confeccionar la lista fue casi como jugar al “Scatergories” pero sin hacer caso de la letra por la que empiezan. Para hacerla, la mente se iba a la mesa de casa e imaginaba qué cosas ha tenido encima. Claro, en mi caso, la mesa suele estar despejada. Se ocupa para comer, para estudiar (a veces) y para poner la ropa y doblarla cuando se recoge del tendedero. La compra de la semana también acaba allí encima, pero su visita es igualmente fugaz. Entonces la mente se va a otras casas, la de mi abuela, la de mis padres,…

En fin, lista hecha. Ahora toca realizar bocetos. ¡Organización!, primero dividir la hoja en cuatro (hasta aquí la cosa parece fácil, ;P). Luego hay que escoger algunos elementos de las distintas listas y juntarlos (ahí es cuando piensas: “¡¿y cómo dibujo yo esto?!”. Así que busqué una media entre lo que me apetecía dibujar y lo que sabía más o menos cómo dibujar, o eso pensaba…

Bocetos
Aún siendo consciente en lo más hondo de mi ser de que eran bocetos, que podían salir mal, se podían hacer borrones,… imperaba la necesidad de “hacerlo bien”, lo cual, visto lo visto, no significa que te vaya a salir mejor, sino que el trazo es más lento, más indeciso, quieres hacerlo bien y la parte crítica bloquea al resto de la “maquinaria”. A eso se suma la búsqueda de una colocación adecuada y de las proporciones correctas. Y digo búsqueda, que no encuentro, porque aún no me hicieron conexión todos los puntos a tener en cuenta. Digamos que sabía que algo no encajaba, pero no sabía qué…


Por suerte, tocaba luego realizar el “bodegón” en una lámina para él sólo, con lo que aún podía seguir experimentando. Hice el supuesto bodegón final: una botella raquítica y en consecuencia tres copas canijas y un queso minúsculo. Aún con todo eso quedaba un espacio demasiado evidente que rellené con un minifrutero llenito de un ejército de uvas liliputienses. Resultado final: Horrendo. Sí, esa era mi sensación. Así que antes de empezar a dar textura con la tinta china, decidí terminar ahí la sesión. En mi fuero interno sabía que acabaría cambiándola…

Como dicen en la página ABCpedia:
"Es probable que las primeras manifestaciones de dibujos artísticos salgan torcidas, desproporcionadas o mal trazadas pero esto no debe desalentarnos"
"
Primer intento cambiado

Aún así, con ese sentimiento de “qué horrendo es mi bodegón”, encontré muchas resistencias en mi fuero interno a la hora de retomar la lámina. Algún día incluso me llegué a concienciar para seguir, abrí el bloc y con una inclinación de cabeza a derecha y a izquierda intentando encontrar un ángulo bueno, volvía a cerrar el bloc de dibujo. Llegado este extremo, decidí que tenía que hacer algo. Pensé en lo que nos dijo la profesora en tutoría cuando estábamos haciendo la portada con las ceras, tanto en lo referente a la distribución de los objetos en el espacio como en cuanto a ir a mirar otras fuentes, no para copiarlas, claro, sino para inspirarte, obtener ideas,… y conecté con la lámina de las perspectivas (¡por fin mis dos neuronas se encuentran y se cambian información! ;P): “Claro, por eso la hemos hecho, para tomar consciencia de que las cosas se ven diferentes si se miran desde puntos diferentes”, aunque, como nos comentó la profe, la tendencia de nuestro cerebro sea (en la mayoría de los casos) la de representar el objeto desde el punto que más información ofrece. La memoria de trabajo procesa y simplifica la información de manera que pueda ser fácilmente almacena y recuperada más adelante en la memoria a largo plazo, como hemos visto en Psicología de la Educación. Por eso ponía los objetos casi en línea, muy cuadriculados (vaya, después de parar a pensar, creo que es por eso). Decidí que tenía que cambiar el tamaño de la botella, aunque no se viera entera, para que el resto pudiera “crecer” también y ocupar el espacio.


Por suerte, pude ver a una amiga que se dedica a la pintura y le comenté qué quería hacer y cómo estaba mi raquítica lámina. Le pareció bien lo de ampliar la botella y me dió un par de consejos, como parar a ver las proporciones que podía tener y tomarlas en consecuencia. La verdad es que me sirvió mucho, me dio ánimos de continuar. A la noche busqué entonces en internet “bodegones”. Había algunos muy bonitos, la verdad, y diferentes a lo que a una se le viene a la cabeza cuando piensa en un bodegón. Observé cómo jugaban con el espacio, la ubicación de los elementos y su cercanía o lejanía. Había algunos que tenían un color especialmente agradable, pero teniendo en cuenta que yo lo iba a “colorear” con tinta china, de poco me servía. Ya me consideraba capaz de retomarla, así que al día siguiente tenía pensado continuar.
Cleaning Supplies
¡Zafarrancho!

Casualidades de la vida, al día siguiente habíamos acordado en casa que tocaba limpieza a fondo de la cocina, de esas de sacarlo todo, limpiarlo y luego colocarlo, sí, de esas que se hacen sólo los años bisiestos (bueno, este año no lo es pero….). El objetivo era terminarlo por la mañana y por la tarde tener un poco de tiempo para estudiar (llámese hacer lámina). Y claro, toda la cacharrería de cocina pasó por mis manos esa mañana. Mientras limpiaba la aceitera me dije: “¡ésta tiene que estar!”. Luego vi una de esas botellas de cristal con el tapón peculiar como las antiguas de casera y también la fiché. También, de lo más alto de la cocina, había emergido un “frutero” de madera (en verdad llegó a casa hace años en forma de regalo con jabones dentro) y también me cautivó. En un principio no quería poner frutas en mi bodegón, pero ese frutero….

Y llegó la tarde. Ahora sí estaba motivada y dispuesta. Las barreras de resistencia estaban casi vencidas. Me faltaba encontrar la manera en que distribuir los elementos… Antes de nada, decidí cambiar la lámina anterior. Agrandé todo. Por fin estaba entendiendo bien y permitiendo el concepto de boceto, y estaba siendo consciente de ello. El resultado me satisfizo, está como para ponerle texturas de tintas, pero yo tenía una “cita” con la aceitera. Al empezar, de nuevo noto la parte “crítica en acción”, la libertad del boceto había desaparecido de repente. Pensé: “por lo menos soy consciente de ello, es el primer paso para solucionarlo”. Y venga a borrar y a pintar… cuando termino la parte de lápiz, no puedo evitarlo, me siento agradecida por la ayuda recibida y le hago fotos a las dos láminas para mandárselas a “mi pintora” (soy consciente que no son de profesionales, pero por fin siento que puedo continuar, que para mí y mis capacidades, así está bien).

Llegó la hora de “texturizar”. Saco la artillería pesada: tinta, pincel, y por supuesto, mi cajita de tesoros, esa que recolecté como buena urraquilla.  Una sonrisa cómplice me inunda: “volvemos a vernos, equipo de estampación”. Un pensamiento fugaz pasa por mi cabeza, como una conversación interna:

                - “No la líes, ¡eh!, no enguarres la lámina”

                - “Sí, sí, tendré cuidadito. ¡Ah!, lo de las líneas con otro papel…, ¡eso!”

Empezando a texturizar

Fue una toma de consciencia para ir “despacito y con buena letra”. Tocaba seleccionar las texturas y ponerlas con cuidado. Tomar consciencia de opacidad, de superficie que ocupa cada una, de dónde centrar atenciones,… (y luego que salga lo que salga, porque una cosa es pensar y otra hacer…).

Conforme avanzo, vuelvo a sentir esa emoción. Cómo no, enseguida le digo a Vicent: “Mira”, y al rato otra vez, y otra vez, y otra,… ¡Pobre!, qué santa paciencia. Me noto sumamente concentrada en la actividad, inmersa en ella. Soy capaz de salir, pero no me cuesta nada entrar de nuevo. Y por fin la termino. Se nota cuando uno queda satisfecho con el trabajo realizado. Una felicidad me inunda. Me levanto, voy dando botes, contenta y feliz. Tengo ganas de reír y de corretear (puede ser por compensar el tiempo de quietud, pero seguro que el hecho de sentir que esta vez sí ayuda). Por supuesto, toca recogerlo todo con sumo cuidado, aún la puedo liar… La mesa ha resultado “herida”, dos manchas de tinta, pero por suerte tiene remedio. Así que…. “¡terminada! ¡Yuju!”. Con toda esta explosión de sentimientos, no tenía ganas de ponerme a escribir la reflexión inmediatamente, pero no quería olvidar los detalles relevantes, así que decidí aplicar competencias aprendidas en otras asignaturas, concretamente la de observación y documentación, y decidí realizar una especie de Nota de campo de mis pensamientos, para, al día siguiente, usarlos para recuperar la información y realizar la reflexión.

Por mi cabeza pasa la muy posible opción de que sean las láminas de tinta china las que retome para la reflexión final….



Resultado final